Reír en carnaval

Henri Bergson decía que todo lo que sale de la normalidad, “lo absurdo”, nos causa risa. “Tom y Jerry”, “El correcaminos”, “Piolín y Silvestre”, “Bugs Bunny y el Pato Donald” y muchas otras caricaturas son ejemplo de esto. Y es que la risa nos libera, nos sana y nos acerca más. Emil Cioran, en Ese Maldito Yo, escribía “Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo”, en efecto, necesitamos del otro para reír.

Podemos entender a la risa en dos sentidos: en el reírse-de o en el reírse-con. En el primer caso, la distancia entre la producción y la recepción de lo cómico es evidente; por el contrario, en el reírse-con, esa distancia tiende a desaparecer porque nos reímos juntos de nosotros mismos. Es aquí donde surge el carnaval.

El carnaval nos ha acompañado por más de tres mil años. En sus inicios, estaba relacionada con las fiestas en honor al dios griego Dionisio y a sus adoradoras. Las famosas bacantes a las que se refiere Eurípides. El nombre proviene del latín carnem levare que significa ‘quitar la carne’ porque ya en la Edad Media, la Iglesia trató -en un intento por controlar a las masas- de limitar las fiestas carnavalescas a los días previos al inicio de Cuaresma. El carnaval prevaleció.

El carnaval es una fiesta en la que todo está permitido, por eso se usan máscaras. En el carnaval no hay jerarquías, privilegios, reglas o tabúes. Pero el carnaval no es (o era) una forma artística de espectáculo teatral, sino una forma concreta de vida donde no había escenarios, ni actores, ni espectadores; uno no asistía al carnaval, uno lo vivía.

En este sentido, Mijaíl Bajtín plantea a las fiestas carnavalescas como el triunfo de lo cómico frente al discurso de la seriedad y gravedad. Pero es un triunfo que no excluye lo serio, sino que lo purifica de dogmatismo, de miedo e intimidación y de fanatismo. Por eso, el discurso de la risa es una expresión de vida y vitalidad que se ha manifestado, a través de formas carnavalescas, desde la sociedad medieval. Es el triunfo de la vida sobre la muerte, reír significa renovarte.

Pero quizás lo más importante del carnaval, y de reír en carnaval, es que es una herramienta de la sociedad para entenderse a sí misma por oposición. El profesor y antropólogo Alex Huerta escribe que “el carnaval permite poner al mundo patas arriba y ver claramente cómo es patas abajo (algo que no nos damos cuenta, pues generalmente no percibimos la cotidianidad)”. Así, al mostrar lo opuesto es más fácil entender qué es lo debido. Para lograrlo, existen los clásicos personajes carnavalescos. Aquellos sujetos (como el bufón de la Edad Media) que nos hacen reír y entre broma y broma nos dicen nuestras verdades.

Además, este despliegue de oposición permite la armoniosa coexistencia de los contrarios. Es en estas fiestas de carnaval en las que todos reímos juntos que nos aceptamos como somos. Por eso, una sociedad que ríe es una sociedad tolerante. Bajtín ya lo anticipaba, “el cuerpo que ríe flanquea sus propios límites”, se convierte en un cuerpo colectivo, múltiple y heterogéneo.

La desaparición de la comedia y la risa provocaría que la sociedad carezca del poder de aceptar las diferencias del otro, asi como del poder de fracturar el absolutismo de las ideologías, las verdades y los valores absolutos. Quizá es por ello, se pregunta la Dra. María Nieves Alonso, que en las guerras –externas e internas– de los últimos siglos ha predominado la exclusión de la risa. Es posible que la preponderancia a la seriedad haya intensificado en Occidente los dominios de la tristeza. Y una de las formas de la tristeza es la negación de la alteridad, el no aceptar las diferencias, que conlleva, en la mayoría de los casos, a un violento desenlace. Esta violencia hacia el otro sería inimaginable en un escenario donde los cuerpos danzan y ríen celebrando el encuentro con la alteridad. Un escenario como el descrito representa el carnaval en su esencia.

En nuestro país, las fiestas de carnaval continúan. En Ayacucho, por ejemplo, el carnaval de febrero dura tres días y está caracterizado por las comparsas y las fiestas corta-montes, donde los asistentes bailan alrededor de un árbol cargado de regalos con la intención de tumbarlo dando homenaje a la nueva vida.

Este febrero, vivamos el carnaval en su esencia: riendo juntos de nosotros mismos, aceptando al otro, entendiéndonos por oposición. Intentémoslo, encontraremos deleite.

 

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4 replies on “ Reír en carnaval ”
  1. Osquitar simplemente me encanto esta columnaa, me encanta como es que partes explicando de lo mas importante al cascaron, de adentro a fuera, no solo te hace sentir que es necesario un carvanal para que se pueda compartir y llenarse de energiaa jaja bueno podria seguir escribiendo pero en resumen que bien que te animaste a compartirlo con todos y los mejores exitos del mundo, vas a llegar a muchos, un besote

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